No Excuses

14.8.06

Recuerdos encadenados en menos de media hora

Sábado a la noche, a la salida del pub:

- Bueno, sigamos el festejo en otro lugar. ¿Les pinta? Chicas, repártanse: unas en un auto, otras en otro...

El “líder” de este grupo ocasional se llevó una porción de la platea femenina, y a nosotras nos dejó a cargo de los dos risueños que aguardaban, con las manos embolsilladas, escuchar el próximo destino de la noche.

-Voy a buscar el auto- nos retuvo el morocho.

El rubio asintió con la cabeza, y se nos quedó mirando buscando las palabras para acotar algo simpático -aunque de por sí él lo era-.

(Me transporté 15 años atrás. Mi hermana y yo, niñas o adolescentes, encandiladas por “el rubio y el morocho” de la tele (Starsky y Hutch, Chips, Los Duques de Hazard). Paradójicamente, en la vida real siempre se nos aparecían, como caídos del cielo, un rubio y un morocho... ).

Percibimos el ronroneo de un motor potente, hecho que me remitió a un pasado aún más lejano: mis 6 años, y la pasión de mis padres, hermanos y yo, con aquel Chevy tonalizado en oro que nos pertenecía y que, tiempo después, haría juego con mi primera bici.

Aquello que se acercaba era un Ford Falcon color ciruela, muy brilloso, cuidado y pintón. El conductor lucía orgulloso del aparato, perfectamente conservado, al menos en apariencia.
Ambas subimos al asiento trasero, y qué shock! Me di cuenta de que había perdido la noción del espacio en este tipo de piezas casi inhallables, pensamiento que me llevó, a su vez, a otro recuerdo: cuando volví a pisar, ya cumplidos los 17, el patio de la escuela primaria. ¿Qué había ocurrido con aquel ex espacio de juego, de una inmensidad intachable en mi memoria? ¿Por qué se había achicado? Hubiera preferido quedarme con la imagen previa. Hay cosas que es conveniente no volver a ver, supongo. Como las películas que te asustaron a los 10... para qué volverlas a ver ahora?

Vuelvo al interior del auto:
Qué podía faltar para culminar este paseo por los ´70s y ´80s? La voz de Morrisey y Suzzane Vega en el estéreo, coronadas por el “Under my thumb” de los Stones.

Este muchacho era, definitivamente, un clásico.

5 Comments:

Blogger Tía Nata said...

Magic, si no te gustó mucho, o si te gustó nada, me pasas el teléfono, jejejejejeje.
Me mató el dato de la Chevy dorada, sabía que teníamos mas en común de lo que sabíamos!

3:47 p. m.  
Blogger Magic said...

Tía, no tengo dato, pero si querés, te lo averiguo!
Extraño la Chevy, era un auténtico monumento (y también extraño la bici, para qué mentir, jajaja).
Y eso que no te conté la del "escarabajo" platinado que alguna vez tuvimos!

3:52 p. m.  
Blogger Ana said...

Cuantos recuerdos!! S y H, ni que hablar, no podía decidir cual me gustaba más! El Chevy de mi papá en Venezuela, volver al liceo, esta vez de profesora, y descubrir que el salón ennoooorme era un galponcito chico! Ni que hablar de las discusiones de niña con mi madre argumentandole que siempre, siempre, mi programa favorito sería "Los picapiedras"

5:59 p. m.  
Anonymous Vane said...

EStas historias raras..solo a nosotras!! jajja. La verdad me cague de risa, aunque no eran mi onda..prefiero lo moderno!! jej. Igual me encanto la espontaneidad y el orgullo por su "maquinaaaaa" jajaj

9:04 p. m.  
Blogger Magic said...

Ana: mi favorito era La Familia Ingalls, hoy sueño socavado.
Me hiciste recordar algo... mi mamá se preguntaba por qué era yo tan poco comunicativa en casa, sobre todo recibiendo quejas de la maestra porque no paraba de hablar en clase... Estos misterios de los niños...
Vane: cada vez que salimos, lo disfruto a más no poder. Nos miramos y ya nos estamos riendo, o no? Incluso cuando estamos transformadas en dos momias inservibles, aplastadas por el sueño, como el sábado!! jaja (ya no estamos para estos trotes, ehh)
Besos

2:24 p. m.  

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